viernes, 25 de julio de 2008

Egle Martin, una estrella marabucera

Una enorme estancia a las afueras del pueblo, de la cual se convirtió en la dueña, hizo a la estrella de la música, Egle Martin, pisar los suelos santotomeños. Cuando conoció los carnavales, se enamoró de la comparsa Marabú y pese a varios intentos de llevarla hacia otras comparsas, su corazón ya estaba instalado en la aplanadora.
Un repaso rápido por su vida es como un recorrido por buena parte de la bohemia de los años 60 y 70. Desde Dizzy Gillespie (el trompetista del bebop por excelencia) hasta Astor Piazzolla pasando por Hermeto Pascoal, Gato Barbieri, Gilberto Gil, Naná Vasconcellos (quien le enseñó a tocar el berimbau), Lalo Schifrin (novio de la adolescencia y amigo de la vida), Luis Salinas (a quien hospedó en su casa cuando el guitarrista no tenía dónde parar en Buenos Aires) y hasta Jorge Luis Borges (a quien conoció durante el rodaje de la película Los orilleros), forman parte de las anécdotas de Egle.
La vida musical de esta mujer es un curioso derrotero que arranca en el Teatro Colón a los 7 años siguiendo los mandatos familiares de una madre cantante lírica con la que hacían a dúo pasajes de Porgy & Bess y después da varios vuelcos. Uno fue a los 16, cuando la eligieron Miss Televisión, a lo que siguió una breve etapa como vedette. "Odié ese momento porque en realidad no era lo que yo quería hacer", dijo Egle a un diario.
Con su marido, Lalo Palacios, vivieron en casas de un ambiente, de dos y de cinco. Pero siempre estaban las puertas abiertas para los músicos. Todos sabían que en su casa se iban a encontrarse con alguien. Después volvió a abrirse un nuevo horizonte con el descubrimiento y la investigación sobre los ritmos africanos y su influencia en la música argentina. Sus viajes a Bahía, Brasil y sus siete años de estadía en Santo Tomé Corrientes, le sirvieron para terminar de darle forma a esta pasión.
Era increíble la época en la que reinaba Egle en la comparsa, su imponente imaginación llevó a la comparsa a ser la mejor, por su originalidad, por su carácter de sorpresa y por innovar cada año gracias a su experiencia en el teatro. Era tal su predisposición hacia la comparsa, que junto a Mima Correa se iban en su avión personal un día a Buenos Aires a comprar telas para Marabú, y volvían esa misma noche, simplemente por su pasión hacia ese grupo de gente con los cuales hizo una gran amistad que pese a que después tuvo que tomar un nuevo rumbo, siempre permanecerán en su corazón.
Actualmente vive en su gran casa en Barracas que tiene un gran parecido a una tienda del norte africano, un templo lleno de tambores, bombos, bongoes y tumbadoras, con los que Egle da clases. Pero siempre perdura el recuerdo de cuando fue parte de la comparsa, por los amigos que cosechó y porque ese grupo de gente la dejó mostrarse simplemente como es: una artista.

1 comentario:

Mary (L) dijo...

excelente el blog.
soy la sobrina de mima y cacho Correa.
este año en los 50 se viene con todo nuestra comparsa.
infaltable verla todos los años.

besoo